Cuando la educación se convierte en legado

La historia detrás de la Fundación Amigos de la Juventud (Fundaju)
“El futuro de un país está en sus jóvenes”, solía decir José Ortega Martínez. Estas palabras son perfectas para expresar una convicción que se transformó en acción y que hoy sigue impactando la vida de miles de personas.
A finales de la década de 1950, Don José Ortega Romero —empresario y visionario— identificó una realidad preocupante: miles de jóvenes en México quedaban fuera de la educación media y superior, ya fuera por la falta de cupo en instituciones como la UNAM o el IPN, o por no contar con los recursos económicos necesarios.
En un país con pocas alternativas educativas, decidió apostar por una idea clara y poderosa: invertir en educación como una forma de retribuirle a México lo que le había dado. Esa visión no solo dio origen a proyectos educativos privados con sentido social, sino que sembró un compromiso profundo dentro de su familia.
Ese compromiso tomó forma en 1971 con la creación de la Beca Luis Felipe, instaurada en memoria de su hijo. A través de este programa, la familia Ortega comenzó a apoyar a jóvenes con menos oportunidades para continuar sus estudios y cubrir gastos básicos como transporte y materiales.
Durante la década de 1980, esta vocación social se consolidó con la creación de la Fundación José Ortega Romero (FUNJOR), encabezada por Ángeles Ortega Martínez. Desde ahí se impulsaron centros de educación y desarrollo humano, así como programas de becas que, con el tiempo, se volverían el corazón del proyecto.
En 2011, FUNJOR se transformó en Fundación Amigos de la Juventud (Fundaju). El nombre cambió, pero la esencia permaneció intacta: fortalecer el acceso a la educación y el desarrollo integral de niñas, niños y jóvenes, especialmente aquellos en situación de vulnerabilidad o con discapacidad.
A esta misión se sumaron iniciativas como Jugando Juntos, que promueve el bienestar y las habilidades socioemocionales a través del deporte, y Cloud9 World, un modelo educativo que fomenta valores viviéndolos en comunidad.
Hoy, Fundaju es mucho más que una fundación: es el reflejo de una herencia familiar que entiende la educación como responsabilidad social, confianza en la juventud y una apuesta real por el futuro de México.